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Análisis de The Tiny Bang Story: ¿Dónde está la mosca, aquí o aquí?

13/11/2019

El género de puzles es uno de los que ha demostrado tener mejor salud creativa dentro de los videojuegos. Nos han pedido que ejercitemos nuestra capacidad de pensamiento espacial, como en The Talos Principle; que pensemos en nuevos conceptos físicos, como en la saga Portal; que usemos nuestro ‘ingenio gramatical’, como en Baba is you; o incluso que juguemos con las perspectivas para ver el mundo desde un nuevo ángulo, como en el inmortal The Witness. Uno de los sub-géneros más populares –sobre todo dentro de dispositivos móviles y tablets- es el de Hidden object, donde lo que se nos pide ejercitar es simplemente nuestra agudeza visual para encontrar los objetos que nos soliciten. Si bien es cierto que este sub-género no es excesivamente demandante en lo intelectivo, suele ser sorprendentemente entretenido, pues ¿quién no se ha pasado horas y horas de niño delante de uno de los libros de “¿Dónde está Wally?” (“Where is Waldo?” en inglés) buscando aquel jersey de rayas blancas y rojas? Yo, desde luego, tengo un par de dioptrías en mis gafas dedicadas a aquel hombre espigado.

The Tiny Bang Story tiene el Hidden object como mecánica principal, pero no va a ser nuestra agudeza visual lo único que nos pida ejercitar. La historia comienza con un asteroide que golpea al mundo del juego y lo rompe en decenas de piezas de puzle que deberemos encontrar en las distintas fases del juego. Las fases se dividen así mismo en ‘cuadros’ unidos entre sí, entre los que podremos ir pasando, siempre y cuando los hayamos desbloqueados. Tenemos como objeto común entre las fases las piezas de puzle, que nos sirven, cuando terminamos una fase, para reconstruir el puzle de la siguiente en el selector de mundos. Sin embargo, para poder progresar por la fase e ir desbloqueando sus distintos ‘cuadros’, tendremos que recoger otros muchos objetos de formas y tipos muy diversos: desde maracas, hasta bombillas, pasando por barquitos de madera o simples tuberías. Estos podrán estar escondidos por los escenarios de los cuadros o podemos conseguirlos como recompensa por resolver uno de los puzles del juego. Porque el juego detiene de vez en cuando nuestra búsqueda de ‘objetos ocultos’ para plantearnos puzles/minijuegos, que sirven como cambio de ritmo para que no nos cansemos demasiado de achinar los ojos delante de la pantalla y podamos ejercitar otras partes de nuestro cerebro. Si bien ninguno es especialmente original y podemos verlos en muchos otros juegos –no necesariamente en juegos de puzles-, la verdad es que son lo suficientemente variados. Una de las cosas más interesantes que hace el juego es que te permite ver varios de los objetos a recoger antes de que los necesites, incitándote a usar la memoria a la vez que la vista para mejorar en nuestra búsqueda. En lo mecánico, podemos decir que The Tiny Bang Story sabe sacar todo el jugo de un sub-género bastante limitado de por sí por su planteamiento.

En lo gráfico el juego es precioso. Todos los cuadros que componen las fases son como pinturas a mano (por eso los llamo de este modo y no pantallas), con una estética que recuerda a la de títulos como Machinarium o la saga Samorost, y tan bien dibujados como en éstos… aunque, precisamente por ello, resulta ser la peor decisión de diseño del juego. Antes mencionaba los libros de “¿Dónde está Wally?”; en estos libros la gracia estaba en que, mientras buscábamos al escurridizo Wally, nos topábamos escenas graciosas de lo más extravagante: burros haciendo carreras por la playa, centauros jugando al baloncesto, o aliens comiendo en una cafetería. Casi lo de menos era encontrar a Wally, porque a él ya le conocemos y lo interesante estaba en todas esas escenas bizarras que descubríamos por nuestra cuenta. Sin embargo, los cuadros de The Tiny Bang Story no cumplen tan bien la función de entretenernos visualmente mientras buscamos; precisamente porque se disfrutan más cuando se admiran en su totalidad, y no cuando nos vemos obligados a forzar la vista para encontrar el detalle.

El segundo problema que me encontré jugando a este juego fue que jugué a la versión de Switch, y es que el juego no está adaptado en absoluto para consolas. Para jugar en la consola hibrida de Nintendo tenemos dos opciones: o usar el mando, donde controlamos un cursor con el joystick izquierdo; un cursor que se mueve desesperantemente lento a lo largo de la pantalla, pero demasiado rápido cuando queremos hacer movimientos precisos (como seleccionar una pieza de puzle escondida, por ejemplo). O también podemos elegir sacar la consola y usar su pantalla táctil; pero entonces nos tendremos que dejar las corneas para poder encontrar alguno de los objetos en una pantalla tan pequeña y de resolución tan baja. Si se quiere jugar a este juego, yo recomiendo ir a por la versión de ordenador o la de Tablet, siempre que sea una con una pantalla grandecita y una resolución respetable.

The Tiny Bang Story es un juego entretenido, que no pretende resultar desafiante en ningún momento, solo mantenernos entretenidos buscando. Un recordatorio de que, a veces, los placeres más simples pueden ser tremendamente satisfactorios.