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Análisis de Reventure: Así es cómo morí… y así… y así…

14/10/2019

El Game Over es un elemento vital de los videojuegos. Nos indica cuando nuestra partida ha terminado y que, si queremos seguir jugando, debemos empezar una nueva o reiniciar la que teníamos desde un punto de guardado anterior. Normalmente, significa que no hemos jugado lo suficientemente bien y el juego nos pide que repitamos si queremos continuar; también existe el “Game Over bueno”, que es cuando nos hemos pasado el juego. Pero, ¿qué pasaría si ambos conceptos fuesen lo mismo? ¿Qué ocurriría si lo que quiere el juego es que ‘muramos’ para ver la pantalla de Game Over una y otra y otra vez? Eso es lo que nos propone Reventure.

Éste es un juego de aventuras 2D, en scroll lateral, donde encarnamos a un héroe de un reino remoto, en un mundo de fantasía; donde la princesa ha sido secuestrada por el Señor Oscuro y nos han encargado la labor de rescatarla. Todo suena muy familiar, ¿verdad? Bueno, si algo nos ha enseñado la saga “The Legend of Zelda” es que lo primero que tiene que hacer todo buen héroe en tal situación es ir a equiparse, pues no nos van a dejar salir del reino para ir a rescatar a la princesa si no contamos con un arma. Vamos a por ella, y de paso cogemos ese escudo tan suculento que nos ofrece el rey para ir protegido en nuestro periplo. Entonces, nos encaminamos hacia la montaña que hay justo al lado de nuestra casa y conseguimos llegar a una cueva donde nos espera un anciano y la espada legendaria; que nos abrirá las puertas del reino y nos permitirá enfrentarnos a nuestro destino. Decidimos probar un poco nuestra arma recién adquirida y la blandimos un poco… con tan mala suerte que acertamos al viejo de la cueva y Game Over. Perdón por este pequeñísimo spoiler, pero creo que mi primera experiencia con Reventure ejemplifica bastante bien lo que el juego quiere de ti: que pruebes cosas. La próxima vez que vayamos a por la espada tendremos cuidado de no usarla tan a la ligera… o no, porque podemos querer usarla en algún otro NPC ‘bueno’ para encontrarnos con otro final distinto. Porque en Reventure cada final es único. De hecho, el objetivo final del juego no es realmente rescatar a la princesa, es ver todos y cada uno de los 100 finales posibles. Y para verlos debemos explorar y experimentar con los elementos que nos ofrecen.

En Reventure hay múltiples objetos que obtener: la espada, el escudo, el gancho, las bombas, etc. Cada uno nos permite abrirnos ciertos caminos, como en un buen metroidvania… pero los objetos pesan, y saltaremos menos por cada uno que decidamos llevar; de tal modo que también nos bloquean otros caminos. En Reventure deberemos de conocer bien su mapeado y todos los caminos posibles, sobre todo los secretos, para conseguir llegar a nuestro objetivo; pues dependiendo del camino deberemos de llevar unos objetos u otros.  O viceversa, dependiendo del objeto que queramos llevar iremos por un camino u otro.

He dicho que Reventure es un juego de aventuras, pero pronto se nos desvela como casi un juego de puzles; donde conseguir cierto final nos va a hacer pensar qué llevar, a dónde ir, por dónde y qué hacer exactamente cuando lleguemos con lo que tenemos. Un elemento clave que nos ayudará a resolver estos puzles son las pistas. Éstas son trozos de papel repartidos por el mundo que, al ser recogidos, nos darán una frase –accesible desde el menú de pausa- asociada a un final. La frase es un indicio de cómo conseguir tal final.  Las pistas van apareciendo en el escenario según vamos jugando y haciendo runs, de tal modo que no están todas desde el principio accesibles. Pero la frase que se desbloquea no es la única forma en la que las pistas nos dan información del mundo. Muchas veces podemos verlas en lugares que, en un principio, nos van a parecer inaccesibles, indicándonos caminos secretos o forzándonos a pensar algún uso de los objetos que no habíamos pensado hasta entonces o sugiriéndonos la existencia de objetos que no conocíamos. Es un uso doble de un mismo elemento muy inteligente, y que demuestra que el juego está más que pensado y cuidado.

Porque si algo es Reventure es detallista. Se ve en los saltos perfectamente calculados para no poder ser ejecutados cuando llevamos cierta cantidad de objetos. Se ve en la ingente cantidad de referencias que esconde. Se ve en el humor que destila por cada pixel. Y se ve por lo bien pensados que se enlazan sus finales.

Y es que, además de usar el objeto correcto y llegar al lugar adecuado, para conseguir ciertos finales vamos a necesitar haber hecho otros. Y es que, a diferencia de la mayoría, en este juego alcanzar un final no significa “fin de la partida y vuelta a empezar”, sino que la historia continua, el contador de días y años aumenta, y el mundo ha cambiado, puede que desvelándonos un nuevo camino u objeto.

El juego está lleno de referencias por todos lados, a películas, series, memes, y, sobre todo, a otros juegos. Gran parte del humor que hace gala depende de estas referencias y eso puede suponer un problema, pues si no pillamos la referencia, no vamos a entender el chiste. Sin embargo, hay tantas y tan variadas -y algunas tan finas y tan bien puestas- que es difícil que el juego no nos arranque más de una sonrisa.

A nivel gráfico y musical es donde más decepciona este juego. No porque estén mal, sino porque no llegan al nivel de cuidado del diseño del mundo. En definitiva, Reventure es un juego aparentemente sencillo, pero que se revela mucho más profundo de lo que podría parecer a primera vista según vamos descubriendo su mundo compacto, pero rico en detalles. Una muestra más de la buena salud creativa que destila la industria española actualmente.