Análisis Lydia: Un monstruo bajo la cama

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La imaginación de una niña pequeña puede ser fuente de grandes historias. La mente infantil juega a transformar lo que percibe en fantasías que, en multitud de ocasiones, resultan tener mucho más sentido y ser más estructuradas que la realidad que la rodea. No hay situación en la que no encuentren hueco para ejercitar su inventiva: ni siquiera en el corazón de un hogar destrozado.

Ese es el punto de partida de Lydia; una historia interactiva, con la fórmula de Point and Click, donde controlamos a una niña (que da nombre al juego) que, con ayuda de su osito de peluche, Teddy, busca al monstruo que aterroriza su hogar. Pero, ¿quién es ese monstruo? Para responder a esa pregunta tendremos que guiar a la pequeña Lydia a través de los distintos capítulos del juego, que representan el paso de los años, y ver como su percepción de la realidad cambia con el tiempo. El juego quiere contar su historia e intenta que nada se interponga en su camino; muchas de sus decisiones de diseño trabajan de manera magnifica en esta dirección, pero, lamentablemente, esto también le hace caer en ciertos ciertos errores.

El apartado artístico del juego trabaja a favor de la historia, mostrándonos un mundo en blanco y negro (cuyos escenarios pueden recordar a LIMBO), donde las personas se muestran como dibujos caricaturizados para resaltar en su imagen las características de su personalidad. Los pocos colores que se ven son extremadamente brillantes, precisamente para cargarlos de significado al verlos resaltar contra el gris imperante.  Además de lo visual, lo auditivo también ayuda en la inmersión: las voces onomatopéyicas de los personajes nos transmiten la personalidad de cada uno, y el sonido ambiental siempre va acorde con la escena que se nos presenta.

Sin embargo, en lo jugable es donde más patina Lydia. Si bien es cierto que siendo una historia interactiva no necesita de grandes alardes en este apartado, la verdad es que es difícil quitarse de encima la sensación de que lo único que nos pide hacer el juego es clicar en la pantalla cada cierto tiempo para que continúe la película. Las elecciones de ‘dialogo’ que se nos presentan no tienen ninguna relevancia en el devenir de la historia, y en ciertas ocasiones es simplemente cuestión de probar una opción tras otra hasta dar con la que quiere el juego. No es que le haga falta nada más sofisticado para funcionar, en absoluto; pero hace que el juego se sienta menos grande de lo que pretende la historia.

En definitiva, Lydia va a resultarnos una experiencia corta pero intensa. Una historia emotiva que nos hará reflexionar sobre la culpa desde los ojos cambiantes de una niña creciendo en un hogar desestructurado.

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