Análisis de My Friend Pedro

  • Kerk
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Una habitación oscura. Tres misteriosas máscaras charlan entre ellas. Deciden llamar por teléfono a un anónimo repartidor que hace el «trabajo sucio», como siempre. Pero esta vez al otro lado de la línea está John Wick. Lleva dieciocho Monsters encima y el corazón le late al ritmo de Bleed de Meshuggah. Por una vez las máscaras han perdido su elocuencia. En medio del silencio solo se oye al señor Wick decir que va a matarlos a todos mientras alucina por el subidón de azúcar.

Éste es – salvando las distancias – el espíritu de My Friend Pedro. Eres un tipo que se despierta en un sótano oscuro y al que un plátano volador que responde al nombre de Pedro le dice que mate a un montonazo de gente. El nuevo juego de Deadtoast nos pone en la piel de un avatar enmascarado tremendamente hábil para la cosa del matar. Y sí, los paralelismos con Hotline Miami, publicado también por Devolver, son más que evidentes pero My Friend Pedro consigue desmarcarse dentro de un planteamiento similar; el de reventar cabezas, tendones y cristales.

Todos esos vatos ya están muertos, no mas no les han avisado.

My Friend Pedro es un juego de matar mucho, pero también de hacerlo con flow. Cada episodio es un festival de saltar, rebotar, girar y volar mientras llueven balas en todas direcciones. Cuantas más muertes encadenemos sin sufrir ningún tipo de percance más puntos recibiremos al final. Y es que My Friend Pedro está muy pensado para ser pequeños intervalos de intensidad, sensación de movimiento y habilidad a ritmo de música estridente en contraste con la pantalla de puntuación, donde la música suena embotada y de fondo mientras Pedro nos regala sus caritas de emoji dependiendo de nuestra puntuación. No es tan profundo como un Devil May Cry, pero tampoco pretende la misma pompa. Aquí podemos matar a un enemigo lanzándole la cabeza de uno de sus compañeros. No hay tiempo para pensar en los posibles hijos, la mujer o el marido o la hipoteca de esa persona, pero tampoco hace falta pararse a pensar en las combinaciones infinitas de combos. Con que nos vayan cayendo un buen puñadito de armas y usando nuestra Concentración (una suerte de tiempo bala) ya podemos hacer saltar por los aires a cualquiera. Mientras matamos y saltamos por las plataformas – hay más plataformeo y puzzles de lo que pudiera parecer – Pedro sirve como alivio cómico. Sus comentarios y referencias son bastante divertidas y ayudan al tono burlón del juego.

El juego en su dificultad estándar (normal) es fácil, aunque si queremos sacar S en todos los niveles habrá que emplearse. Al principio puede que cueste un poco hacerse al mapeado de los botones. En los primeros niveles acabé colocando mis dedos en posiciones raras para ciertas combinaciones de botones. Por suerte el tamaño del mando Pro y un poco de práctica ayuda, pero quizá jugar con los joycons anclados no sea la manera más cómoda. Una vez subido el nivel de dificultad el juego castigará mucho cualquier fallo, especialmente si no realizamos adecuadamente la vueltecita que nos sirve de esquiva para cualquier proyectil. Por suerte esto depende casi enteramente de nuestra capacidad porque el control es bastante satisfactorio. Con la salvedad de que el autoapuntado a veces nos juega malas pasadas cuando lo que queremos es disparar a una garrafa de gasolina que está a los pies de un enemigo. Pero con el sistema de bloqueo de apuntado para disparar a varios enemigos a la vez mientras giramos al ritmo de Mozart en nuestras cabezas los enemigos acaban cayendo igualmente.

Prototipo fallido de los drones de reparto de Hamazon (marca registrada).

My Friend Pedro puede parecer un juego perfecto para speedrunners y locos de las leaderboards. Probablemente lo es, pero es igualmente satisfactorio pasarse cada pantalla con una puntuación de C. La jugabilidad, la plasticidad de los movimientos de nuestro personaje, a caballo entre un QWOP menos borracho y una bailarina de Bolshoi, y la balacera es aliciente suficiente para querer pasar otra pantallita. La historia no molesta y esto incluso juega a su favor. Apetece más recibir un arma nueva para nuestro arsenal más que otra cosa. Y apetece mucho más todavía fluir en los niveles más allá de las puntuaciones. La satisfacción de haber creado una escena de película de acción de John Woo es casi adictiva, y en varias ocasiones me encontraba planeando una de estas escena para grabarlas en la galería de la Nintendo Switch.

Y sinceramente, My Friend Pedro no pretende ser otra cosa que lo que es. Música cañera, un montón de balazos y un poquito de humor hacia todas partes (incluyendo el mismo mundo de los videojuegos). Añadido a su rejugabilidad le hacen un buen candidato a compra con esos eurillos que van sobrando con suerte entre lanzamiento y lanzamiento.

My Friend Pedro
Música, balas y un plátano. My Friend Pedro es un juego divertido, rejugable y que nos pondrá a prueba para intentar sacar las mejores puntuaciones mientras volamos por los aires a un montón de gente.
Lo mejor:
Las virguerías y la lluvia de balas.
Que los capítulos sean cortos y muy intensos.
Rejugabilidad y un sistema de puntos que nos invita a jugar mejor.
Lo peor:
A veces el autoapuntado puede jugarnos alguna pequeña mala pasada sin importancia.
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