Análisis de Effie

  • Kerk
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1987, el fundido a negro tras un puñado de logos deja paso a la imagen de un abuelo leyéndole un libro a su nieto. Al principio el nieto se muestra reticente porque «eso de los cuentos de princesas es para chicas». Pero a medida que la historia avanza el nieto cada vez se preocupa más por los personajes. Quiere que el misterioso mozo encuentre por fin a su princesa, se alegra de la redención del espadachín español y adora al gigantón de dulce corazón. Con el tiempo La Princesa Prometida se convertiría en una película adorada por por todos (entre los que me incluyo desde que me la encontré una tarde de sábado en la televisión) que dejó en el imaginario general frases tan memorables como aquella de «Mi nombre es Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir».

Effie comienza con Galand, un guerrero ya envejecido, contándole una historia a una jovencita rubia que escucha atentamente. Aunque esta vez Galand cuenta su propia historia y no la de otros. En esa historia una malvada bruja le ha arrebatado su juventud mediante una horrible maldición y Galand debe conseguir las gemas del mal para deshacerla. Así que ni corto ni perezoso se embarca en una nueva aventura a pesar de que ahora probablemente estaría mejor viendo La ruleta de la suerte con una mantita.

Incluso en los reinos del mal la seguridad laboral es importante.

Cuando el juego nos da el control de Galand nos encontramos en una oscura mazmorra. Recorrerla acompañados de la voz del narrador funcionará a modo de tutorial, aunque los controles son simples. Desde este primer momento se puede ver que Effie es una oda a una época clásica de los videojuegos, una en la que los plataformas en 3 dimensiones borbotoneaban y que tantas horas de diversión proporcionaron a chavales y chavalas que se arremolinaban ante las revistas de videojuegos. Porque a Effie se le nota de dónde bebe, pero también sabe tener un poco de su propia personalidad para intentar no resultar una suerte de sucesión de easter eggs sin ton ni son.

Por desgracia el juego no nos dejará ver ésto hasta que no lleguemos a la Llanura de Oblana. Si bien el tutorial es un trámite oscuro salir a la Llanura es una explosión de colores saturados y planicies que se extienden más allá del horizonte. Y es aquí donde Effie sabe distinguirse, en un mapeado que funciona como nexo entre las diferentes zonas que deberemos visitar. Recorrer la Llanura surfeando con Runestone, el escudo mágico multiusos de Galand, es un viaje a la nostalgia de descubrir un mundo en un juego de aventura y acción de la vieja escuela.

La Llanura bañada por el rojo característico de su hierba.

Lamentablemente la sensación de libertad y exploración tan maravillosa que proporciona la Llanura se interrumpe en cuanto queramos avanzar en la historia de Galand. Es verdad que podemos quedarnos a explorar surfeando sobre la hierba roja para encontrar pedacitos de lore que se esconde en cofrecitos o algún que otro desafío, pero tendremos que acudir a diferentes localizaciones que funcionan como mazmorras de desafío para liberarlas de las tropas de la bruja que nos ha hechizado.  Y esas partes del juego no brillan con la misma intensidad.

Las mazmorras son, por lo general, mucho más sombrías como cabe esperar. Recorrerlas requerirá completar unos cuantos puzzles realmente fáciles y unos cuantos combates que se convierten más en un trámite que otra cosa debido a unas mecánicas simples que no le otorgan demasiada profundidad. Es cierto que iremos adquiriendo poderes para Runestone – desde un ataque terremoto hasta un lanzamiento tipo boomerang – pero en líneas generales se reduce a sobreutilizar un tipo de ataque y de vez en cuando cubrirte con el escudo. La falta de profundidad también se extiende a un sistema de niveles que se reduce a conseguir experiencia a través de unas pequeñas runas que nos encontramos por el mundo y que nos aumentarán la vida y la magia. Sin estadísticas claras ni nada más en lo que emplear esa experiencia.

Algunas de las referencias nos llevan directamente a nuestra infancia.

Por cada acierto Effie también nos muestra un par de fallos. Por ejemplo, los enemigos (especialmente los fantasmas de colores) suenan como confeti al explotar, dando esa sensación de cuento y fantasía que dota al juego de un tono juguetón. Pero por contra tendremos que aguantar a la voz del narrador repetir «It was an ambush!» o «Galand felt much better» una y otra y otra y otra vez en sus 4-5 horas de duración. Dentro de esas luces y sombras – representadas por la Llanura y las mazmorras – hay diseños amables, con runas que nos dirigen hacia cofres escondidos, y por otra parte peleas con jefes finales carentes de interés y repetitivas.

Sin embargo todos estos fallos no convierten a Effie en algo injugable, y de hecho puede tener un público entre los más jóvenes que puede encontrar su historia sencilla y su jugabilidad accesible muy atractiva. Porque Effie es un canto a los clásicos pero por suerte no se controla como aquellos, sino que es infinitamente más amable. Y en ese sentido funciona como un coche antiguo: sabes que si toca recambiar una pieza va a ser difícil y caro buscar un recambio, pero no puedes evitar sacar una sonrisilla cuando lo ves aparcado frente al garaje y el sol rebota en su chapa recién encerada.

Sin duda la primera incursión en Play Station 4 de los patrios Inverge Studios puede mejorar, pero de lo que no hay duda es que en Effie sobra pasión, ganas e intenciones. Y seguro que la próxima vez la vueltecita en coche será para recordarla. Porque cuando la persona que conduce sabe lo que quiere es cuestión de tiempo que se acostumbre a conducir cualquier modelo que le echen.

Effie
Effie es una aventura clásica llena de pasión que se ve lastrada por la simplicidad de sus mecánicas y algunos problemas de rendimiento.
Lo mejor:
Los colores saturados le dan un aspecto muy personal y bello.
Detalles adorables que le dan sensación de cuento infantil.
El momento de llegar a la Llanura de Oblena.
Lo peor:
Problemas de rendimiento en PS4.
Repetitivo y simple en el combate.
Los puzzles son muy fáciles.
La voz narradora acaba siendo tediosa.
El aspecto RPG de la experiencia no parece realmente necesario.
65
Nota final

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