Volviendo a escalar la montaña

  • Kerk
  • 4 semanas
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La primera vez que ascendí la montaña Celeste ayudando a Madeline fue un viaje de autodescubrimiento e incertidumbre. Como su protagonista no sabía muy bien qué iba a encontrarme en cada nueva zona, quién iba a intentar ayudarme o entorpecer mi ascenso o si iba a poder llegar hasta la cima. Recuerdo frustrarme intentando coger una fresa (un objetivo que por otra parte no aporta nada y por eso lo hace tan significativo) y atascarme en secciones por complicarme demasiado. Obviamente estas cosas no están puestas al azar.

Como es lógico hay un puñado de buenos textos hablando sobre la depresión y la ansiedad a través de Celeste. Es fácil ver que la misma montaña significa el camino de recuperación después de un proceso traumático. Cualquiera que haya pasado por un episodio de ansiedad – o que conozca a alguien que lo haya sufrido – se verá fácilmente reflejado en el viaje de Madeline. No es que esto se esconda, sino todo lo contrario. Celeste es un juego valiente poniendo las cartas sobre la mesa sin andarse con rodeos. Por supuesto hay espacio para la figuración y la metáfora, pero ya en los primeros compases el juego te lanza a la cara los episodios de ansiedad de Madeline. Y sinceramente no veo una mejor manera de darle visibilidad que la misma crudeza con la que se presenta en la vida de aquellos y aquellas que la sufren.

Madeline sufre ansiedad en diversas fases del juego.

Además el único objetivo de la protagonista es escalar la montaña. Todo lo demás (logros, coleccionables, cantidad de muertes, tiempo…) es contingente. Sí, están ahí y puedes revisarlos, pero solamente sirven para compararlos con tus amigos. Recoger una mayor cantidad de fresas no va a hacer que el final de la aventura cambie o que desbloquees power ups que faciliten tu viaje. Aquí hemos venido a escalar. Y de hecho las fresas a veces suponen un verdadero quebradero de cabeza extra que, pensándolo bien, ni si quiera merecen la pena. Aquella primera vez que jugué a Celeste llegué a obsesionarme con alguna de ellas sin darme cuenta – al menos del todo – de que el juego me estaba gritando a la cara: Estás gastando fuerzas en algo que ni si quiera es necesario en lugar de emplear tus fuerzas en lo verdaderamente importante; la cima.

La primera vez que ascendí la montaña Celeste ayudando a Madeline fue un viaje gratificante y emocional. Así que quise revivir aquel mismo viaje esta vez en mi Nintendo Switch. Para mis adentros pensaba «Celeste es un plataformas muy bueno, seguro que puedo matar algunos ratos pasando unos cuantos niveles» sin darme cuenta de que era algo más que eso. Según arranqué el juego y volví a la pantalla inicial me quedé unos minutos mirando la montaña. Esa montaña que me costó ascender y que ya había coronado se erigía otra vez ante mí, con la misma crudeza de antaño. Pero yo ahora tenía la ventaja de recorrer el camino ya andado. No podía ser demasiado difícil, ¿verdad?

El viento en contra a veces es capaz de dificultar el camino más llano.

Y el caso es que en cuanto a dificultad Celeste, como cualquier otro juego, castiga menos cuando ya te lo sabes. Pero lo que no esperaba era que la vertiente emocional tuviese la misma fuerza que la primera vez. De nuevo su crudeza sencilla te transporta a la historia de Madeline. Una historia que es, en realidad, la de cualquiera de nosotros. Una historia que personalmente he vivido más de una vez. Porque la depresión es una de esas enfermedades que nunca te abandona del todo y se queda en una esquina acechando. No hay un tratamiento mágico que te haga deshacerte de su compañía, sino que requiere un constante ejercicio para poder llevar una vida saludable. Y lo más probable es que, como una adicción, vuelva y se vaya varias veces en una vida.

Por esto mismo volver a Celeste ha sido un momento agridulce. Volver a ascender por la montaña es de nuevo volver a enfrentarte a la ansiedad, la depresión, la sensación de soledad y la desesperanza. Y ni si quiera Madeline, que ya llegó a la cima, se libra de tener que volver a recorrer sus desafíos. Por suerte, cuantas más veces asciendes más herramientas tienes a tu disposición para tratarte. Esta vez puede que sea más fácil, que consigas morir menos veces o coger más fresas. Pero sigues teniendo que llegar a la cima y pasar por las mismas vicisitudes.

Todos aquellos y aquellas que hemos sufrido con nuestra salud mental queremos, como Madeline, llegar a la cima. Hasta que nos damos cuenta que lo importante no es llegar a la cima, sino hacerlo cada vez que la temible Celeste se nos muestra delante, imponente e impasible. Y tenemos la obligación para con nosotros mismos de sentirnos orgullosos cada vez que lo hacemos.

Todos los comentarios

  • Cada una de tus opiniones es como escuchar a un hippy hablar de lo bonito que es el mundo sin tener ni idea de lo que está hablando, como aquel semiANALisis de sekiro, «Fromsoftware lo vuelve a hacer» es una frase o titular sensacionalista la nivel de «3DS cura a los abuelos» con la diferencia de que un artículo trata de ser serio y el otro es humor troll, que verguenza y encima poniendo noticias de dibujitos de ninyas anime en bragas y hablando con un lenguaje peligroso para mi hijo

    Avatar MAMA SLOBULO 23 mayo, 2019 16:26 Responder
  • Cambia la fotoq ue es muy chica que poco arte hijo mio, menos arte que un nini vendiendo fruta

    Avatar FROMSOFTWARE LOVUELVEA HACER 23 mayo, 2019 16:28 Responder

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